Pero hablemos del tema que da razón a este blog. Hablemos de tocar Blues que es un asunto un tanto comprometedor ya que amerita todo un análisis si realmente se quiere abordar la esencia de un estilo que, por simpático y/o cómodo que parezca, surgió de un pueblo por siglos oprimido -la raza negra norteamericana- que hoy lo ha convertido en simplemente parte de su historia y que, nos guste o no, solo puede pertenecerle a ellos si de naturaleza de raíz se trata. Tocar el Blues es un asunto que amerita convertirse en lo que de manera involuntaria llamamos peyorativamente un “Negro” y tratar de vivenciarse como tal con la misma y dolorosa naturaleza que hizo a ese pueblo (hoy a punto de gobernar la nación que por años lo oprimió). Asunto imposible para músicos como nosotros los mexicanos mas capaces de escribir canciones de desengaños amorosos que de transcribir sufrimientos sociales y cuya mejor apuesta es hacer emotivos temas mediocres para promover los teletones dichosos. Blues no es algo que se nos de fácil porque podemos recorrer mil y una vez la escala pentatónica sin que ello nos convierta en bluesistas consumados y por ende imposible es pensar que el blues se toca nota por nota tratando de expresar lo que la voz ya no puede. Nuestra mejor aventura como “bluesistas” mexicanos es un pálido pero posiblemente pegajoso “Rock Urbano”, poco más.
Lo anterior viene a cuento porque un colega, muy respetado por mí, ha lanzado el juicio de que en Salvatierra nadie puede tocar blues y eso ha lastimado algunas susceptibilidades -incluída la mía- y eso es verdad pero, entonces quién puede?. De apoyar la hipótesis de este colega creo que ni el propio Javier Batiz podría ser considerado un Bluesman en forma ya que ni Javier ni mi colega son negros ni descienden de un pueblo segregado todavía hasta hace muy poco, un pueblo que irónicamente ya no toca blues!!!!! y que considera ese legado como la mejor pieza de su propio museo cultural. Este colega, en su ansiado celo de profesionalismo, comete el pecado de considerar incapaces a sus compatriotas sabiendo que en todo caso ni siquiera los ingleses podrían considerarse como músicos de blues y eso ya es mucho decir.
Pero vamos por partes. Si tocar blues representa tocar lo que hace Gary Moore entonces bien podría decirse que Isao Tomita (japonés) es mejor tocando rancheras que el mariachi Vargas y he visto a bluesistas blancos reirse de los lamentos de Jimmy Reed, negro, porque consideran que Peter Green, inglés, es mejor aún. Si tocar blues es no crear un blues de 12 compases entonces me encantaría que este colega me especificara y me explicara con manzanas qué coños es un puto blues bien tocado. Pero antes de acalorar el tema debo considerar a lo que bien podría referirse este estimado, de verdad estimado, colega que tanto reniega de que en Salvatierra no se toca blues de verdad.
Comencemos por diferenciar un blues grabado en Chess Records de Chicago de su propio origen, las orillas del Delta, y definir que aquellos bluesmen que lo crearon usaban cajas adaptadas como guitarra utilizando tubos y cuellos de botella y en el mejor de los casos el órgano de una iglesia (considerando que muchas de esas iglesias de negros no contaban ni con lo mas esencial) y que en mucho dependían de pertenecer al coro de gospel de esas iglesias para poder participar profanamente en equipo o de otro modo el sacerdote los condenaría. El bluesman trovador era un sujeto solitario en muchos casos y su mejor equipo era, repito, una de esas cajas adaptadas tocada como guitarra hawaiana, o bien una harmónica cromática. Esos bluesistas de entonces conocían de música probablemente lo mismo que conocían del alfabeto (muchos no sabían leer ni escribir) y lo que tocaban redundaba en adaptaciones a los compases de gospel pero en monótonas vueltas que hoy conocemos como “Blues de 12 compases”. El blues de Chicago ya era un asunto bastante diferente porque, pobres y todo, los bluesmen ya se habían refinado al grado de utilizar guitarras eléctricas para grabar sus canciones (y aquí interviene la Fender Broadcaster -hoy Telecaster- como el mejor recurso de muchos de ellos debido a su facilidad para usar capos y slide metálico). Entre el blues delta (country blues) y el Chicago Blues existe tan abismal diferencia que es poco probable que mi colega pudiera justificar que los de Chicago tocaran blues de verdad en los años 30 y 40. Qué pensaría este colega si le dijera que la orquesta Carolina tiene la misma alineación que una banda de Jazz tipo Duke Ellington?, simplemente me mandaría por un tubo pero, oh sopresa, la orquesta Carolina tiene esa estructura y, sorpréndanse mas, nació precisamente para poder tocar jazz, salsa, mambo y música de salón, exactamente como el jazz fue concebido (aunque sin la salsa y el mambo, claro).
Pero aquí va la mejor joya de todas…
El uso de la escala pentatónica no surgió del todo del bluesista delta sino de la interactuación de los bluesmen (generalmente con problemas con la ley por su extrema pobreza) con los bandoleros MEXICANOS!!!!!! que utilizaban cortes pentatónicos para sus corridos. Si el(la) lector(a) toca algo o mucho de guitarra y hace la prueba, notará que muchos de los cortes de música de la revolución mexicana tienen pasmosos parecidos con algunos cortes de blues aunque probablemente cambiando la tónica del acorde raíz. Lo anterior hace un poco mexicano el desarrollo de la transición del blues campirano al Chicago Blues. Este punto comienza a echar por tierra el juicio de mi colega, Ups!.
Viene la parte en la que el blues se convierte en Rock and Roll debido a que los blancos lo mezclaron con el Western y vuelven a intervenir muchas influencias mexicanas desde lo simple, como La Bamba de Ritchie Valenz, hasta lo complejo y poco notorio como son el uso de los instrumentos de viento al estilo Pérez Prado en muchos temas de Rock and Roll y pasamos a la parte en la que los adolescentes ingleses sentían una peculiar inclinación por temas como “Bésame Mucho” de Consuelo Velázquez tocado al modo de los Beatles en Alemanía (en 1959 y antes de saltar a la fama) y dieron por encontrar en la música mexicana una gran influencia que hacía aún mas interesante el Rock and Roll ofrecido primero por Bill Halley y mas tarde por Elvis Presley.
Fue hasta que los Rolling Stones lanzaron su primer disco pleno de Chicago Blues que se presentó el primer híbrido blanco de blues pretendidamente hecho en Inglaterra y posteriormente emulado por Alexis Corner, The Yarbirds, JOhn Mayall y Cream que logró casi desbancar al rock and roll en el Reino Unido y consiguió por otro lado revertir la ola del Rock and Roll Americano y convertirse en la Ola Inglesa con un fuerte sonido a Blues de respaldo. Que me perdone mi colega pero, muy chingones y todo los ingleses, no hacían nada que Carlos Santana, Javier Bátiz, Memo Briseño o José Cruz no hubieran podido hacer. Le recuerdo que Canned Heat, casi todos mexicanos o chicanos, es una de las bandas mas representativas del Acid Blues de los años sesenta y hasta Jerry García -Grateful Dead- tocaba las mismas vueltas pentatónicas que les he escuchado a mis colegas en Salvatierra.
Mas concretamente. Si trataramos de comparar entre músicos de blues de la ciudad nos encontraríamos con cosas e influencias muy diferentes y hasta un cierto desconocimiento en algunos casos pero sin que ello le quite lo bluesman a nadie.
Carlos Gómez, básicamente guitarrista de heavy metal es considerado por muchos uno de los mejores pero su participación en el blues es más didáctica y en miras de completarse como músico.
Luis Rodríguez, técnicamente hábil y con miras a ser excelente pero cuyo concepto de sí mismo es el de ser siempre humilde para obtener mas calidad que cantidad y obviamente su manera de tocar carece de presuntuosidad mas no por ello de espectacularidad, es uno de esos casos en los que lo breve es fuente de lo grande y con buenos resultados.
Luis Elizondo, probablemente el que mejor oído musical tiene pero al que, pese a su excelencia y capacidad sí le arrojaría la observación de cierto abuso de sonidos rebuscados tratando de sonar mas a Rick Wright que a él mismo, como sea buen músico. Personalmente lo considero el mejor pianista de Salvatierra.
Vicente Corona, nuevo en esto del blues pero cuyo tezón le ayuda mucho a pesar de repentinos excesos de confianza y al que le reconozco ser el que de todos es quien más se ha profundizado en raíces e historia del blues y el que probablemente más sabe sobre el tema. Vicente es posiblemente el único que promete cierta versatilidad y universalidad en esto del blues y al que le doy un año para estar a la altura del propio Carlos Gómez.
Rod Ruthrauff. Aquí se me presentan algunos conflictos de tipo personal por lo que mi opinión podría no ser tan válida (en parte debido a que el malinchismo de muchos se me echaría encima) pero tal vez la mejor virtud de Rod es que tenga mas tiempo tocando blues que ninguno de nosotros y toca la armónica mejor que nadie aunque creo que los únicos que, aparte de Rod, tocamos armónica somos Luis Elizondo y un servidor (pero confieso que no me da mucho por hacerlo), como sea Rod no es la mejor voz pero toca muy bien la armónica y la guitarra -aunque se valga tanto del capo-.
Estos colegas que menciono arriba son los que, como un servidor, les ha dado por aventurarse a tocar blues y eso incluye el derecho de hacerlo a medida de nuestras posibilidades. Probablemente el colega que nos enjuicia por no tocar blues de verdad tenga razón pero el colega olvida que a veces es mejor intentarlo sin ser arrogante y que tal vez sea mejor arriesgarse que quedarse en la sombra criticando lo que no somos capaces de demostrar que hacemos mejor. Tocar blues, para mí, es un compromiso personal y está muy por encima de quien sea experimentado o novato, es un lenguaje universal que todos tenemos derecho de utilizar aunque no sepamos tocarlo bien porque el blues no es un muestrario de destreza, el blues es una actitud. Como dice Vicente: “El blues estará en tu guitarra cuando esté en tu corazón”
Saludos colegas
Messy Blues






